Por
otro lado, desde el punto de vista de nuestro estilo de comunicación (para
utilizar una palabra desacreditada), esta revista es esencialmente una lugar de
polémica intelectual. Esto quiere decir que nuestras investigaciones intentan
clarificar en contra de qué posiciones o discursos orientamos los argumentos.
El objetivo es invitar a nuestros adversarios teóricos a compartir un mismo
espacio de discusión sin atenuantes. Valgan tres ejemplos: en este primer
número nos honra la participación de Enrique Dussel, un levinasiano de la
izquierda nacionalista; también contamos con la intervención de Paula Moles,
seguidora de Georges Bataille y Althaus Reid; y con Patricia Dip, quien en esta
intervención se muestra cercana al marxismo ortodoxo (no dialéctico). Nos
hubiera gustado, en este primer número, la participación de foucaultianos,
agambenianos y schmittianos, pero debemos decir que algunos exponentes de estas
tendencias declinaron la invitación cuando advirtieron que se trataba de una
revista de polémica en serio.
Y
este es el punto: nuestro pluralismo no consiste en un respeto trivial,
posmoderno y relativista por todos los discursos. No pretendemos “multiculturalismo”
y “diferencia” cuando se trata de decidir por ideas y proyectos que comprometen
determinadas prácticas sociales. No creemos en la inconmensurabilidad de
paradigmas de pensamiento o en la auto-inmunidad de los “estilos filosóficos”,
ni en la apología del silencio o la no-comunicación (G. Deleuze). La crítica a
la ideología es un ejercicio iconoclasta no sólo porque puede denunciar la
falsedad de las prácticas religiosas sino, principalmente, porque devela las
supersticiones contemporáneas. Si la teología es un conocimiento verdaderamente
útil, esto se debe especialmente a que su médium natural es la ideología pura.
Esto implica, ni más ni menos, que la
“seriedad del concepto” nos obliga
pensar en contra de la moda posmoderna (la “ideología francesa” según C.
Castoriadis.1
En
términos ideológicos generales nos sentimos partícipes de la modernidad y
seguimos confiando en el relato de emancipación universal. La Teología de la
Liberación, como la filosofía crítica o las ciencias sociales, sólo puede
aspirar a la autonomía y a la igualdad radical con argumentos fuertes contra
las ideologías de nuestro tiempo: las creencias New Age, la doxa de la posmodernidad cultural, los fundamentalismos
cristianos, los nacionalismos, el liberalismo, el neo-positivismo, el
postestructuralismo, el heideggerianismo, el nietzscheanismo y la retórica de Derrida.
Consideramos que esta revista puede representar un aporte en este sentido,
valorando la especificidad de cada terreno de “producción teórica”, como la
reflexión filosófica, el dominio de las ciencias sociales y la teología, en
contra de las tendencias meramente eclécticas.
Si tuviéramos que resumir,
brevemente, en forma de tesis nuestro programa, diríamos que estas son las
“seis tesis de la Teología Crítica de la Liberación”:
I.
La principal tarea teórica consiste en
la articulación de la Teología de la Liberación con la Teoría Crítica de la
Escuela de Frankfurt.
II.
Los enfoques “multidisciplinarios”
constituyen malas opciones teóricas3.
En la teología bíblica eso significa que el método histórico-crítico debe
seguir siendo la columna vertebral de los estudios bíblicos. Todas las
supuestas “innovaciones” metodológicas como los enfoques semiológicos o
posestructuralistas deberían ser apenas ramas auxiliares del método histórico y
su sólida conexión con la historia social y la filología, a riesgo de que las
“innovaciones” se conviertan en las típicas tendencias conservadoras y
anti-historicistas que siempre encuentran alguna complicidad con la
hermenéutica a-crítica y el espiritualismo “edificante”.
III.
La filosofía, las ciencias sociales y
la teología sistemática son dominios de producción independientes (aunque con
relaciones específicas entre sí), por lo tanto, su contribución depende del
aporte específico en la invención de conceptos teóricos en cada dominio.
IV.
La crítica de la ideología es un
método negativo que permite refutar enunciados falsos de cualquier ciencia
social, aunque por sí misma no pueda enunciar, de manera positiva, conceptos
teóricos.
V.
El núcleo ideológico de la Teología
Crítica deberá ser un proyecto emancipador historicista que se exprese como
racionalidad profética secularizada e inmanente.
VI.
El primer paso para lograr una
orientación práctica en la historia concreta consiste en cuestionar doblemente
los principios anti-modernos, nacionalistas no-clasistas de la tradicional
Teología de la Liberación, por un lado, así como cuestionar las nuevas
ideologías ecológicas, multiculturalistas, el espiritualismo light y la doxa posmoderna en general,
por otro.